Bocachica.

Complejo defensivo que se terminó de construir hacia el final del siglo XVIII y comprende toda una serie de baluartes y castillos ubicados a ambos lados del estrecho que recibe su nombre. El sistema bloqueaba la entrada a la bahía interior, cuyo acceso ya era imposible por la Bocagrande a causa de la construcción de una barrera submarina. Se encuentra a sólo 30 minutos de la ciudad, en un recorrido por la bahía que se inicia en el Muelle de los Pegasos. Vale la pena visitar el castillo de San Fernando y las Baterías del Ángel San Rafael y la de San José. Allí se puede apreciar el sistema de murallas y túneles, bajo la guía de algún pintoresco habitante del poblado y almorzar el típico pescado frito con patacón pisao y arroz con coco.

Barú.

Es una hermosa isla sobre la bahía, al sur de la ciudad, con extensas playas de arena blanca y aguas azules cristalinas. El yate o la lancha que lo llevará se toma también en el Muelle de los Pegasos, desde donde el recorrido alcanza unos quince minutos. Goza de la condición de Zona Franca Turística, por lo cual los inversionistas están exonerados de impuestos durante treinta años.

Parque Nacional Natural Corales del Rosario. Mejor conocido como Islas del Rosario. Se encuentra ubicado alrededor de un complejo de cuarenta y tres islas, islotes y cayos. Está a tan sólo veinticuatro millas náuticas al sudeste de la ciudad, es decir, alrededor de cincuenta minutos de navegación, en la cual es posible toparse con simpáticos delfines que le acompañarán un tramo del recorrido. Su belleza es deslumbrante, con aguas cristalinas que permiten una visibilidad de más de cincuenta metros. Es un lugar inigualable en la práctica del buceo, ya que presenta formaciones coralinas de características excepcionales, con una gran variedad en fauna y flora marinas y las condiciones de temperatura y corrientes son ideales casi todo el año. Es una zona totalmente protegida en su área submarina, y en el área terrestre se han preservado la isla del Tesoro e Isla Rosario. Es posible acceder partiendo de la Bahía de Cartagena en lancha o yate, hacia las islas del Pirata e Isla Grande, donde se encuentra un fabuloso Acuario con diversos especímenes de la fauna marina tropical y un bonito show con los delfines y los tiburones. A lo largo de las islas se se levanta una multitud de construcciones privadas. Es posible pasar la noche en este lugar tranquilo y silencioso: el hotel Santa Clara ofrece hospedaje en las islas, así como el Hotel Caribe. También es posible lograr hospedaje en la Isla del Pirata.

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Todo el encanto de aquellos cuartos de san alejo repletos de antigüedades navales y objetos que dan testimonio de otras épocas.



Un lugar para enamorarse, donde lo único posible es caminar tomados de la mano.



Calles y balcones, baluartes y plazoletas en los cuales perderse y deleitarse.





Habitaciones deliciosas, en las que se cuela la brisa salada del mar, el susurro de las olas, o el repicar de campanarios y cascos de caballos.





Algunos relatos y confesiones de foráneos que fueron seducidos por las murallas y los balcones.




Con un imponente sistema militar, un trazado urbano impecable y mil tesoros arquitect—nicos, esta ciudad responde con orgullo a su declaratoria como Patrimonio de la Humanidad.



Las murallas nos susurran, al oído, historias de piratas y grandes damas, secretos deliciosos de épocas lejanas.






Galerías, terrazas, recorridos y la marcha en una ciudad hecha para el goce y la delicia.







Para saciar el apetito voraz y la sed inclemente que la brisa del mar tiene la particularidad de provocar, una maravillosa variedad de colores, aromas y texturas que forman parte de las tradiciones cartageneras y su exquisita gastronomía.

 


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