Algunas recetas cartageneras

Pescado en leche de coco
(Para cuatro personas)


4 filetes de _ libra cada uno, aproximadamente
2 tazas de leche de coco*
1 cucharada de mantequilla
2 cucharadas de aceite
_ taza de harina
1 huevo batido
sal y pimienta al gusto

Ponga a fuego lento la leche de coco a reducir hasta la mitad.
Pase los filetes por la harina. Póngalos en la sartén cuando la mezcla de mantequilla y aceite esté muy caliente. Espere a que doren por ambos lados. Baje el fuego, vierta la leche de coco ya reducida y deje hervir a fuego muy bajo, durante 10 minutos y deje reposar.


Arroz con coco

La leche de un coco mediano*
2 tazas de arroz, sin lavar
1 cebolla larga, picada
1 _ cucharadita de azúcar
2 cucharaditas de sal, o al gusto
5 tazas de leche de coco
4 tazas de agua (la del coco y la necesaria para completar el número)

Ponga a reducir en una olla, a fuego medio, la leche del coco, hasta que sólo quede el titoté, es decir, la grasa y las partículas de pulpa que comienzan a dorarse. Fría la cebolla en la grasa del coco. Ponga el arroz, y con una cuchara de madera, frotando el fondo y las paredes para desprender el titoté, espere hasta que el arroz absorba la grasa. Añada la sal y el azúcar. Deje hervir hasta que el agua se seque y se formen los consabidos huequitos sobre el arroz. Tape y baje el fuego al mínimo. Espere a que el arroz abra bien y se seque.


Para preparar cuatro tazas de leche de coco:
1 coco mediano
3 tazas de agua caliente
El agua del coco.

En la parte superior del coco encontrará tres señales donde la materia de la cubierta no se ha formado del todo. Utilizando algo que le sirva de punzón, penetre hasta el centro y abra dos huecos. Saque el agua a un tazón. Ponga el coco ya roto en el horno, a fuego medio, y espere a que el calor separe la pulpa de la cáscara. Limpie el epitelio con un cuchillo con mucho filo. Muela la pulpa en la licuadora, con el agua del mismo coco. Añada el agua hirviendo y haga funcionar la licuadora durante tres minutos.
Tenga lista, sobre un tazón, una tela de trama fina. Ponga el líquido en la tela y arrúguela y estírela hasta sacar toda la leche. Deseche o tire el bagazo.

 



Todo el encanto de aquellos cuartos de san alejo repletos de antigüedades navales y objetos que dan testimonio de otras épocas.



Un lugar para enamorarse, donde lo único posible es caminar tomados de la mano.



Calles y balcones, baluartes y plazoletas en los cuales perderse y deleitarse.





Habitaciones deliciosas, en las que se cuela la brisa salada del mar, el susurro de las olas, o el repicar de campanarios y cascos de caballos.





Algunos relatos y confesiones de for‡neos que fueron seducidos por las murallas y los balcones.




Como en un cuento de naufragios, Cartagena nos ofrece un montón de tesoros escondidos en sus alrededores.






Las murallas nos susurran, al oído, historias de piratas y grandes damas, secretos deliciosos de épocas lejanas.






Galerías, terrazas, recorridos y la marcha en una ciudad hecha para el goce y la delicia.







Con un imponente sistema militar, un trazado urbano impecable y mil tesoros arquitect—nicos, esta ciudad responde con orgullo a su declaratoria como Patrimonio de la Humanidad.


 


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