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Una
costumbre que no decae entre los jóvenes
es la de reunirse en los muelles del Laguito,
Bocagrande y Castillogrande, para escuchar
música, ligar y ponerse a tono, antes
de ir a bailar.
Existen otras opciones, un poco más
"turísticas": la Chiva
Parrandera, especie de autobús local
en el que se toma ron al ritmo de una movida
Papayera (pequeña orquesta integrada
principalmente por instrumentos de viento
y que suele interpretar música popular
bastante alegre), mientras se hace un recorrido
por la ciudad; el paseo en yate o velero
por la bahía; el trayecto en coche
por la ciudad amurallada, bajo la guía
de un cochero "chambacunero" (como
canta el bolero), entre otros planes que
seguramente le ofrecerán mientras
camina por la ciudad o las playas.

Para
los amantes del juego y la adrenalina, cuatro
casinos se mantienen abiertos para permitirles
ponerse a prueba con la suerte: el Casino
del Caribe, en el Laguito; el Casino Dorado
Plaza, en el Hotel Cartagena Plaza, el Casino
Fantasía Tropical, en Bocagrande
y el Casino Royale en el Hotel Caribe.
Si ya le cerraron todos los bares y en las
discotecas no encuentra espacio, en la playa
de Bocagrande, frente al Hotel Caribe, siempre
es posible contratar un grupo vallenato
que le acompañe con sus acordes hasta
que el sol esté bien alto.
Lo maravilloso de las noches en esta cálida
ciudad es que no existe restricción
para las horas o los antojos. Es muy fácil
que el amanecer lo sorprenda bailando, y,
en ese caso, no se pierda la salida del
sol caribe, que se asoma lentamente sobre
el Cerro de la Popa: un sutil regalo de
Cartagena que aguarda por usted.
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