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A continuación transcribimos la
entrevista con Urico. Desafortunadamente su navegador no acepta maarcos, los cuales hacen
más fácil la lectura de la entrevista. Creo que los grafitis tampoco aparecerán...
Puede actualizarse en http://www.netscape.com o
en http://www.microsoft.com. Perdón por los
inconvenientes que esto le pueda causar.
Ante todo eres un paseante urbano. ¿Cuál es el
proceso de creación de tus grafitis? ¿Encuentras una pared que te seduce e inspira o es
el proceso inverso, creas el grafiti y luego localizas la pared que mejor puede
comunicarlo?
"El proceso de creación es absolutamente adventicio, es
decir, que brota de una manera inesperada y no deliberada. Prefiero hablar de muros en
lugar de paredes. La idea de muro me parece más adecuada para transmitir lo que simboliza
el grafiti. El muro por naturaleza es un símbolo público, mientras que la pared es más
ambigua y puede ser parte de un ambiente privado que no es justamente el adecuado para los
grafitis. Algunos muros me seducen pero dejo todo en la imaginación porque si procediera
a poner el grafiti, pienso que toda la espontaneidad y belleza del cuento se esfuma en la
"puesta en escena" en el muro.
Urico, ¿quiere esto decir que tus grafitis
en nuestro muro virtual son, de alguna manera, un acto impúdico?
Por el contrario, me evitan la impudicia de tener que exponerme a
ser aprendido por las "fuerzas del orden". Este muro virtual evita que mi
actividad sea onanista.
Creo que abres la discusión para hablar de
los valientes que toman sus latas de spray y se lanzan a la calle. Creo que la pregunta es
obvia... ¿No extrañas la sensación del aerosol fluyendo de tus manos?
Extraño más que la sensación estético-motriz, la sensación
de temor ante la presencia de un policía que perturbe mi cotidianidad. Si efectivamente
pusiera grafitis en los muros sería buscando esta sensación de desafío
"moral" antes que de gratificación estética. Y creo que los riesgos que una
persona como yo corre al ser aprendido son mayores que la satisfacción que de todas
maneras me produce ese encuentro afortunado, esa serendipity con la idea del grafiti. De
alguna forma al concebir un grafiti pienso que es algo parecido a lo que le ocurre a un
caricaturista. Hay una chispa repentina, y esa chispa en sí misma vale más que su
eventual publicación.
Bueno, apreciado Urico, un observador externo
(como yo) diría que estamos ante un caso en que prima más el temor que la voluntad de
comunicar, que prefieres el amor platónico al amor de los amantes audaces que se lanzan a
invitar a la muchacha al baile. Creo que sería de singular belleza una filmación
nocturna tuya vestido de gabardina, sobrio, recién salido de un cóctel, por ejemplo, y
desenfundando tu lata de aerosol. ¿Qué piensas de esto?
Absolutamente de acuerdo. Si mi acto, y no solo el grafiti, se
hace público, entonces sí me la juego toda. En verdad es sólo así que considero que mi
comunicación es completa. Mientras siga siendo anónima no me interesa mayormente, pero
si es con bombos y platillos no le temería para nada a las consecuencias o retaliaciones
de la autoridad pública (eventualmente).
Me recuerdas una de las historias entre
Hermes y Apolo. Para simplificar, Hefestos planea una trampa para descubrir a su bella
esposa siéndole infiel con Ares. Una vez atrapados, Hefestos grita tan duro que todos los
dioses del Olimpo llegan a la escena y Apolo, en una de esas jugadas de mal gusto que te
quieren llevar al orden ante la opinión pública, le pregunta a Hermes que si a él le
gustaría ser descubierto de esa manera. Hermes, señor de los caminos, le responde que
Apolo no alcanza a imaginarse la envidia que siente por no estar en el lugar de Ares,
abrazado con la bella Afrodita y, lo que es mejor, ante la mirada envidiosa de los otros
dioses. Creo que algo parecido es tu caso.
En la forma sí, de hecho. Pero a diferencia de la narrativa
griega que tiene un mensaje pedagogizante, en la medida en que se trata de sancionar la
aventura de Ares, en mi caso no habría un goce que partiera de la conciencia de
contribuir con mi sanción a una pedagogía cívica sino de manifestar una forma de
conducta que, si los dioses por fortuna quisiesen, podría ser ejemplarizante.
Hablemos de la "estrategia del
graffitero", por llamarla de alguna manera: ¿cómo imaginas ese acto? ¿crees que
estamos ante seres apresurados que desenfundan de una su lata de aerosol o ante seres que
recorren las calles, acarician con la mirada su muro potencial, observan a los paseantes
que pasan ante él, estudia las posibilidades de que una moto de un CAI pase y lo atrapen?
¿Crees que para los veteranos es un acto ya desprovisto de ese vacío en el estómago que
algunos artistas consideran fundamental antes de entrar a escena? Creo que para infortunio
de la ciudad, para infortunio del enriquecimiento de nuestra vida urbana, hay muchos otros
grafiteros de corazón como tú. ¿Cuáles son las perspectivas de que salgamos ahora,
compremos una lata de aerosol y pintemos un grafiti?
Hablando de los griegos, existe en su lengua un concepto sublime
que es la noción de Kairos, la cual implica la idea de una irrupción repentina y
formidable de la conciencia. Es así como me imagino que vive el grafitero su acto de
publicación. No creo que haya ese proceso estudiado que tú describes sino por el
contrario un impulso temerario que lo lleva a desconocer en buena medida los riesgos
eventuales que pueda correr. De modo pues que de cualquier forma ese vacío en el
estómago es perdurable. En cuanto a las perspectivas de salir ahora no habría problema
siempre y cuando, como te dije antes, hubiera una cámara de video que nos acompañara.
Listo, Urico, es un proyecto que
realizaremos antes de que termine la semana. Invitamos de paso a nuestros lectores a que
visiten las mejores tomas del video que filmaremos con uno de tus grafitis. No queremos
presionarte, pero sería ideal un instante "kairótico" que nos permita llevarle
una primicia a tus seguidores. A propósito, salvo las presentaciones preconcebidas que
hemos visto por televisión, ¿alguna vez has visto pintar un grafiti?
Nunca. Pero es una experiencia que echo de menos aunque en este
caso el lenguaje se queda corto porque uno no puede echar de menos lo que no ha
experimentado. Pero de alguna forma el lenguaje está siendo más sabio que yo al hacerme
reconocer inconcientemente que auncuando no he tenido esa experiencia mi forma de hablar
haría pensar que ya la tuve.
Sí, sin duda eres un grafitero.
¿Recuerdas en el momento algunos grafitis que hayas visto últimamente que te hayan
llamado la atención? Creo que hace poco una amiga nos contaba de alguno y surge algo
curioso con relación a lo que comentabas: de hecho uno puede escribir grafitis en el muro
virtual que es la imaginación de los otros, que sería el caso de tus grafitis orales; ya
quienes te conocemos podemos imaginar a este hombre sobrio que baja por una calle vestido
con gabardina y saca su aerosol.
Sí, de hecho me tienta la idea de poner mis grafitis en los
muros, y mucho más aún, si lo hago con la teatralidad sartorial con que me describes. La
verdad es que últimamente he visto pocos grafitis. Con excepción del del muro de Colmena
[esta entrevista se realiza en Bogotá, Colombia] de la setenta con séptima que reza:
"Tio Sam: drogad por nosotros". Pero el que para mí es inolvidable por su
sabiduría y ternura es el siguiente: "Si quieres volar, primero tienes que
anidar". Ese fue publicado hará unos 8 años, en un muro frente al Carulla de la
séptima con 63. De pronto la belleza de este grafiti radica, aparte de lo ya dicho, en su
singularidad. En efecto, contrario a la filosofía del grafiti, este no es contestatario
sino laudatorio. ¿De qué? De una filosofía madura de la vida.
Y no deja de ser contestatario, de alguna
manera.
En efecto, concuerdo contigo, porque lo que se está contestando
es la forma estúpida de vida que llevamos y, en verdad, que, por lo demás, no llevamos
si no que "nos lleva".
Hace poco leía una entrevista de Goytisolo
a Grass, en la que este último se preguntaba por la posibilidad de cosechar sus semillas
en una juventud que está siendo influenciada de manera muy marcada por la vida light de
los estadounidenses, algo así como vuela tranquilo sin tener idea de dónde estás
parado. Esto nos diría que no estamos ante un "juego de rebeldía", para apelar
a esa magnífica expresión acuñada por Medófilo Medina, sino ante un acto
auténticamente político y social, con un sentido positivo subversor de la cotidianidad.
No podría estar más de acuerdo. El grafitero es para mí la
expresión más emblemática de Hermes, el diosesito, como diríamos ahora,
"loco" o, mejor aún, "bacán" y que sin embargo funda todo su
destino, todo su pathos, ni más ni menos, que en el conocimiento, la comunicación, la
interacción humana. Cuando ese mensaje llega a su destino, obviamente se produce un doble
desgringole: para unos es un discurso preñado de sabiduría y de sapiencia; para otros,
en cambio, lamentablemente la mayoría, es un atrevimiento irrespetuoso con la moralidad
pública. Pero detrás de este último juicio, de una manera u otra, hay algo que se
sacude y que crea, así sea por segundos, una suspensión de esa armonía pacata y
conservadora que el hombre del común guarda con la madre castradora que es toda sociedad.
Creo que estás apuntando a otra
característica muy importante del grafitero, y es su capacidad para producir imágenes
dialécticas, como las llamaría Benjamin, imágenes que al chocar fuertemente con su
opuesta producen un chispazo que no solamente libera energía, libera represiones, sino
que además es esclarecedor de una situación particular. El grafitero tiene el poder de
crear dichas imágenes.
Estoy de acuerdo contigo en buena parte de lo que dices con
relación a Benjamin. Pero considero que en el caso del grafitero no son las imágenes las
que generan el chispazo sino más bien que el texto es tan chispeante que automáticamente
tiene (*subrayado*) que ir acompañado de una imagen dada su intensidad explosiva. En
otras palabras, el discurso se queda corto ante la chispa fulgurante del grafiti.
Y esto es también lo que diferencia al grafiti del panfleto, lo
que lo hace auténtico, por decirlo así: hace un tiempo vimos las calles saturadas de un
seudografiti que decía "Abella inocente", hasta que en alguna parte surgió un
"Abella, ¿inocente?". ¿Qué piensas de esto?
Dos cosas. La primera es que lo central en el grafiti no es el humor,
aunque aparentemente eso pareciera ser. Y, la segunda, es que el grafiti genuino no creo
que apunte a la persona, a lo particular, Abella en este caso, sino a una condición
general, humana, qué se yo; de ahí el contraste entre el panfleto y el verdadero
grafiti.
Creo que llegamos a un punto de discusión interesante, algo así como
una breve aproximación hacia los tipos de grafitis: pienso que no es una característica
impropia de los grafitis el humor, pues pueden producir el "chispazo" en el
sentido bogotano del término, de alguien con "chispa", "¡qué chispa la
de fulanito!", revelándonos así un carácter afable en su crítica. El de Abella me
parece acertado por esa misma característica que tú señalaste: al abuso de la forma
grafiti se opone un grafiti que nos remite al contexto de la acusación: ¿quiénes fueron
los inocentes en el proceso 8000, por ejemplo?
Sí, de acuerdo, el humor de ninguna manera es impropio para el
grafiti. Lo que digo es que el humor no es central en el grafiti. Para decirlo con una
sola caracterización: a mi manera de ver, el verdadero grafiti, el auténtico grafiti,
debe aproximarse lo más posible a lo sentencioso. Es un discurso moral "leve",
evidentemente gracioso, pero esa evidencia graciosa es lo superficial del grafiti. Lo
profundo es el mensaje pedagogizante, por llamarlo de alguna forma. Esa levedad es la
carnada, el anzuelo, que la conciencia crítica emplea para llamar la atención de quienes
de otra forma difícilmente se detendrían a poner en suspensión, a criticar, su
condición de vida, por ejemplo.
Quisiera que me ayudaras a formular esta pregunta: ¿acaso no se trata
más de un carácter develador que sentencioso, que apunta a traer a la superficie, a la
conciencia, algo que pasa desapercibido para el común de las personas pero que de alguna
manera está en el aire, en la atmósfera?
En el fondo no hay contradicción entre lo develador y lo sentencioso,
en este caso. Simplemente que lo sentencioso se emplea para darle más
"autoridad" a lo que se devela en el texto, pues de otra forma se corre el
riesgo de que el texto no captado con todo su significado.
Estoy de acuerdo contigo, porque creo que sin estas características el
humor no trascendería el chiste. Ahora recuerdo uno (un grafiti, no un chiste), de
invención de Miguel Rodríguez Orejuela citado por Santiago Medina. Cuenta Medina que el
jefe del Cartel de Cali solicitó que Fernando Botero firmara un recibo del ingreso de los
6 millones de dólares a la Campaña Samper Presidente. Apenas llegó este recibo a manos
de Miguel Rodríguez, sentenció: "Este es el Botero más pequeño pero más costoso
de todo el mundo". Es un ejemplo magistral de un chispazo humorístico pero que
además podría constituirse en la indicación de que la famosa "prueba reina"
sí existe, pues dicha afirmación sólo puede partir de la autenticidad del hecho. En
otras palabras, surge espontáneamente, no puede ser inventado. Un grafiti que dijera
"El Botero más pequeño pero más costoso del mundo" de inmediato nos
remitiría a esa prueba reina. Pero bueno, creo que estoy forzando la argumentación.
Sí, estás forzando la argumentación. Siento que estamos
"academizando" y por tanto "desgratifiando" el diálogo. Creo que se
acabó la tinta del aerosol.
Sí, además creo que esto ya está muy largo y hemos extenuado al
último lector. Sólo nos resta hacer una última invitación a mirar el video que
filmaremos contigo. Si a algún lector o lectora se le ocurre un título para el
grafiti-documental de Urico, por favor envíenos su propuesta urgentemente. Y a Urico le
agradecemos mucho habernos obsequiado una lata completa de aerosol.
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