Presentación

Texto de presentación del Simposio

Germán Rey

Dibujando lo que llamó la refiguración del pensamiento social, Clifford Geerts escribió que «muchos científicos sociales han renunciado a un ideal de explicación basado en leyes y ejemplos para asumir otro basado en casos e interpretaciones, buscando menos la clase de cosa que conecta planetas y péndulos y más esa clase que conecta crisantemos y espadas».

Así como se transforman las aproximaciones científicas no solamente en el campo de las ciencias sociales sino en el de las denominadas ciencias duras, también se modifican, con una cierta radicalidad, los procedimientos de la mirada.

Menos obsesiva que en otros tiempos, la mirada está hoy mucho más abierta a arriesgarse a encontrar versiones diagonales y a abandonar la facilidad de las analogías, a explorar territorios cuyas fronteras ya no son tan explícitas como en otros días y a construir relatos que cuenten lo visto sin imposiciones.

Posiblemente haya sido un novelista, el portugués José Saramago, quien haya mostrado más recientemente lo que significa un mundo donde ya no se ve, un mundo en el que todos sus habitantes van progresivamente sucumbiendo a la pandemia terrible del enceguecimiento. Uno a uno los ciegos de su narración van llevando hasta el límite sus sentimientos, van inventando el odio a través de unos privilegios que en la luz serían nimios e incluso insignificantes, van organizando poderes destructores en la penumbra de sus propios despojos. Allí mismo, es verdad, se experimenta la solidaridad en las pequeñas cosas, en las frágiles certidumbres del tacto y las intuiciones.

En el marasmo de los cuerpos sin orientación se vislumbran los gestos que nos dotan definitivamente de humanidad.

Menciono intencionalmente la mirada porque, aquí, en este Encuentro estamos asistiendo a la creación de un Observatorio. Un observatorio que propone hacer un seguimiento a los procesos sociales, políticos y culturales del país combinando ritmos largos con los más breves de la coyuntura, convocando una diversidad grande de saberes para que en su conjunción puedan ofrecer otras claves de interpretación de nuestros problemas.

En este ejercicio del ver se ratifica una de las condiciones centrales de la Universidad y de las organizaciones civiles como la Fundación Social en su compromiso con lo público, en el apoyo a la conversación civilizada, a la expansión social de la deliberación frente a los silenciamientos de la banalidad, el conformismo o el terror.

Uno de los textos que más estimo de Jacques Derrida es la lección inaugural que pronuncia en la Universidad de Cornell en la que se vale de la topografía del lugar para mostrar el sentido de la universidad suspendida sobre el abismo, abierta a la amplitud retante de un horizonte que se expande ante ella.

En su discurso comparaba la visión pertinaz, terrible de ciertos animales sin párpados, condenados a una visión perenne con la mirada humana que tiene la fortuna del párpado, es decir, de la interrupción temporal de un dramático presente continuo.

En un trabajo clásico, Hannah Arendt escribió que lo público es lo «que puede ser visto y oído por todos»; por eso señalará que toda violencia es muda, por eso recurrirá a la figura de la luz dura —una metáfora más que hace posible la mirada— para corroborar la condición de visibilidad de lo público.

Los Observatorios, que nos hacen recordar las aventuras humanas por descifrar los misterios celestes, ahora voltean su mirada, sus lentes, para hacer relevantes los perfiles, los contornos, los sujetos y las topografías de nuestras realidades sociales.

La Fundación Social ha querido participar en este empeño y lo hace porque encuentra importantes afinidades con esta iniciativa de la Facultad de Ciencias Humanas. La naturaleza privada de una Organización, sus propósitos sociales y empresariales no la eximen sino por el contrario subrayan aún más esta refiguración de lo político, este énfasis en sus responsabilidades públicas.

Permítanme finalmente hacer una evocación personal y acaso inmodesta de la memoria.

Soy un egresado de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional. Mientras escribía estas palabras no dejaba de preguntarme si lo que ofrecía y ofrece esta Facultad, como todas las otras de la Universidad pública, es solamente la formación a través del conocimiento, la ubicación exitosa en el panorama de los saberes especializados o de los hábitos profesionales.

Creo que lo que finalmente subyace en la pertenencia a esta Facultad es mucho más que esto, es una suerte de impacto en el mirar, una renovación necesaria de la sensibilidad, una refrendación constante de la aventura del conocimiento.

Cada mirada está hecha de aquellos fragmentos que componen nuestras vidas corrientes, por la frivolidad de la existencia que, recordaba Montaigne, es la materia prima de nuestras realizaciones. Mi prisma está compuesto por las discusiones planteadas en la psicología social y el psicoanálisis, por el itinerario histórico que mostraba los intentos más o menos sistemáticos por entender los mundos interiores, por los recorridos titubeantes a través de los laberintos del lenguaje, las representaciones o la memoria.

Pero también mi prisma está hecho de los desfiles existenciales y excéntricos de los Mefíticos, de la imagen imperturbable del doctor Goyeneche convertido en sus últimos días en un mensaje viviente, en una proclama tenaz que voceaba los delirios de un país desde el tablero humilde que le colgaba de una cerviz nunca vencida; de las marchas y los debates en donde el mundo parecía transformable por instantes, de los problemas de genética del profesor Laverde en que dinosaurios de cola fucsia se enamoraban de dinosaurias de cresta azul, de las reflexiones pioneras de Álvaro Villar Gaviria que llevaron a la psicología de los divanes las angustias del servicio doméstico o las expoliaciones de los niños trabajadores, de los dulces cantos generacionales del Jardín de Freud donde también se tarareaba Samba pa’ ti de Santana, de las discusiones fervientes frente a un positivismo que ya había saboreado sus mejores épocas.

Sé que el Observatorio que hoy se inaugura con el Simposio sobre la crisis socio-política colombiana, al que se ha unido la Fundación Social, se sustentará en este patrimonio de la Universidad Nacional, en esta tarea que por años ha unido la libertad con la crítica, la imaginación con la reflexión, la indagación de los problemas del país con la irrupción de otros modos de vivir, otras estéticas, otras variaciones de la mirada.